Cuando hablamos de violencia familiar, se incluyen en este concepto varias formas de violencia que se dan dentro de la familia.
La violencia puede ser tanto física como psicológica. Se encuentra en todas las clases sociales, a todas las edades y en todas las culturas.
La violencia se puede dar entre adultos, puede estar dirigida a los niños, a los ancianos, a las mujeres, a los hombres.
Generalmente la violencia se descarga en las personas que por su condición se encuentran en una situación de debilidad, sea esta debilidad física, emocional, psíquica o económica.
Es por ello que la violencia hacia las mujeres y los niños representan la mayoría de los casos.
En este artículo nos vamos a ocupar de la violencia conyugal. Esta violencia se manifiesta a través de tres tipos de maltrato.
Maltrato Físico: en este tipo de maltrato la mujer es golpeada de distintas formas. Por ejemplo, se le tira del cabello, se la patea, se le aprieta el cuello, se la inmoviliza, se le producen cortes, se le producen fracturas como consecuencia de los golpes, se la golpea con objetos y armas.
Maltrato Emocional: en este caso el hombre, entre otras cosas, se burla de la mujer, la hace culpable de todos los problemas, la descalifica, la insulta, la trata de loca y prostituta, la crítica constantemente, la amenaza. En definitiva la mujer termina viviendo en un ambiente amenazador y de miedo.
Maltrato Sexual: este es un maltrato muy íntimo donde el hombre se burla de la sexualidad de su mujer, le demanda mantener relaciones sexuales con amenazas, la viola, la acusa de infidelidad y de ser prostituta y hasta le demanda sexo después de golpearla.
Lo que queda muy en claro al describir todas estas formas de violencia conyugal, es el elevado grado de sadismo que implican estas acciones.
La víctima de la conducta violenta es la mujer que es golpeada por un hombre que generalmente es su marido o pareja.
El maltrato hacia la mujer puede ser tanto físico, emocional y sexual o la combinación de algunos o todos ellos.
En la pareja donde la mujer es golpeada y maltratada se instala lo que se denomina el Ciclo de la Violencia Conyugal, este ciclo está formado por tres etapas:
Por supuesto que después de la luna de miel o arrepentimiento, el ciclo vuelve a comenzar para repetirse una y otra vez.
La mujer se encuentra en un estado de “indefensión”, ella cree que la situación no se puede modificar y por lo tanto renuncia a tratar de efectuar cambios en su vida y además aprende a vivir asustada.
La mujer va siendo humillada de forma gradual, de forma cada vez más grave, lesionándola física, psicológica y socialmente.
Los sentimientos que predominan en la mujer maltratada son de miedo, indefensión y el sentirse muy vulnerable y expuesta.
Los familiares y amigos de la pareja al ver que esta se reconcilia periódicamente en la etapa de luna de miel, creen que tanto ella como él participan de un aparente juego amoroso caracterizado por los celos.
Es muy común que la mujer que sufre el maltrato sea reacia a denunciar lo que le está ocurriendo.
Solo cuando la mujer es herida y lesionada es que los familiares, amigos, vecinos y la propia víctima, entran en estado de alarma.
En este momento es cuando la mujer toma mayor conciencia que su marido la puede llegar a matar.
A mayor gravedad de los golpes sufridos, mayor es la toma de conciencia del peligro y es cuando la mujer decide pedir ayuda o abandonar la casa.
Las partes del cuerpo de la mujer que más comúnmente reciben los golpes son la cabeza, la cara, el abdomen y los brazos.
Y en muchos casos a medida que la violencia va en aumento, el hombre comienza a utilizar objetos y armas en sus ataques.
La mujer es víctima de la violencia conyugal, pero cuando esta busca ayuda en las instituciones que atienden los problemas de la violencia familiar, vuelve a ser humillada y maltratada en estas mismas instituciones encargadas de ayudarla.
Ocurre en casi todos los países que las instituciones consideran que son problemas privados o de entre casa y que no requieren la intervención de la justicia.
La policía muchas veces no acepta la denuncia de la mujer golpeada y con ello se pierde una gran oportunidad de ejercer una adecuada acción preventiva para frenar la violencia y evitar lesiones de mayor gravedad que pueden incluso llegar a la muerte de la mujer agredida u otros miembros de la familia.
Sin duda es responsabilidad del estado proteger a las personas que se encuentran padeciendo la violencia conyugal, a través de políticas educativas, creando espacios de contención para las víctimas, estableciendo leyes y normas adecuadas y haciéndolas cumplir.
Muchas vidas se arruinan o se pierden por la persistencia de este tipo de conductas, que no son otra cosa que conductas delictivas.
Es responsabilidad de todos colaborar e intervenir para que esta situación sea modificada radicalmente.