Ya hemos tratado anteriormente la problemática general de la adicción al tabaco.
Pues bien hoy nos dedicaremos a indagar sobre un aspecto muy particular de esta adicción, como es la relación existente entre el tabaquismo y la disfunción eréctil en el hombre, normalmente conocida como impotencia.
Si bien casi todas las personas tienen la idea de lo que es la impotencia, convendría definirla con la mayor precisión posible.
Lo que caracteriza al trastorno de la erección en el varón, es una incapacidad, persistente o recurrente, para obtener o mantener una erección apropiada hasta el final de la actividad sexual.
Preste atención a la palabra “mantener”, esto significa que existe el trastorno aun en los casos donde se logra una erección firme pero al poco tiempo se pierde.
Este problema es vivido con una gran dosis de angustia por parte de la persona afectada y tiene consecuencias negativas tanto en su sexualidad como en la relación de pareja.
Es considerada como la condición de enfermedad más denigrante para un varón.
Además de afectar psicológicamente a la persona, sobre todo en su autoestima.
Todos hemos visto alguna vez esas publicidades de la marca más famosa de cigarrillos donde esos vaqueros rudos cabalgan y fuman, imponiendo una imagen muy varonil del fumador, “un macho”, un ganador con las mujeres y otros atributos.
Pues bien hoy sabemos que no hay tales machos ganadores si son fumadores o por lo menos no estarán en su mejor condición.
De importantes estudios realizados en Estados Unidos, en una población de 1300 varones entre los 40 y los 70 años surgieron muy firmes evidencias que demuestran que el consumo de tabaco duplica el riesgo de afectar la función eréctil del varón.
Así mismo se demostró que el abandono del consumo de tabaco o la ausencia del mismo en personas jóvenes contribuía a reducir el riesgo de padecer disfunción eréctil.
La erección depende de un delicado y complejo sistema hidráulico, que permite un gran aflujo de sangre al pene y que la misma quede retenida allí por un tiempo.
Pues bien el tabaco afecta la erección porque altera la síntesis del óxido nítrico, esta sustancia es clave para relajar el músculo liso cavernoso del pene y así permitir el aflujo de sangre necesario para tener una buena erección. Véase que esta influencia es local y afecta de forma “directa” el proceso de erección.
Luego tenemos el efecto general de vaso espasmo que provoca la nicotina sobre el sistema circulatorio con el que aumenta la arteriosclerosis y fomenta la hipertensión arterial, con lo cual se complica aun más la circulación de la sangre en general y hacia el pene.
Entonces queda claro que el proceso terapéutico para solucionar el problema de la impotencia en el varón debe tener muy en cuenta si este es fumador, sin importar la edad.
Vemos que muchas veces llegan a consulta personas que fueron medicadas con el Sildenafil, comúnmente conocido como Viagra, y no logran el efecto deseado, esta sustancia es un vasodilatador, o sea facilita la circulación sanguínea y por lo tanto la erección.
Pero si por un lado se toma un vasodilatador y por otro se ingiere un vasoconstrictor como la nicotina, tendremos una anulación parcial o total del efecto buscado con el medicamento que es lograr una buena erección.
Esto es algo parecido a tomar una medicación para disminuir la tensión arterial y al mismo tiempo comer con grandes cantidades de sal que todos sabemos aumenta la tensión, o sea un proceder ilógico, absurdo y contradictorio.
Es por ello que se deben tomar todas las precauciones terapéuticas al tratar una disfunción eréctil en tanto si la persona es fumadora se debe implementar al mismo tiempo la terapia más adecuada para la disfunción eréctil y el tratamiento antitabaco para que la misma deje de fumar o al menos pueda reducir su consumo a un mínimo riguroso.
Quizás el poder acceder a esta información ayude a muchas personas a tomar conciencia de los factores que originan su problemática y puedan buscar la ayuda necesaria.
Recuerdo hace ya un tiempo que un paciente entre 45 y 50 años que padecía de disfunción eréctil nos relata que además de llevar una vida sedentaria y consumir una dieta rica en grasas, era fumador y puede decirse que era un gran fumador ya que consumía alrededor de 50 cigarrillos diarios desde hacía más de 30 años.
De inmediato iniciamos el tratamiento adecuado y en pocas semanas había tenido un logro importante ya que fumaba 10 cigarrillos diarios, hasta que en un momento se confiesa y nos dice “en verdad yo no me imagino mi vida sin el cigarrillo”.
Como se desprende de esta frase, la problemática de la adicción al cigarrillo es compleja sobre todo en el plano psicológico, razón por la cual descreemos de soluciones inmediatas que lindan más con cuestiones de tipo “mágicas” que terapéuticas y de superación personal.
Muchas personas imaginan al cigarrillo como “un amigo”, “una compañía” a la cual pueden apelar en todo momento que lo necesiten.
¿Pero una mezcla de tóxicos venenosos puede ser considerado un amigo?
La respuesta es obvia, nadie si lo piensa un minuto puede seguir sosteniendo lo anterior, es más este producto sólido que para ingerirlo se transforma en gas, disminuye todas nuestras capacidades de desempeño diario, perjudica en forma muy grave nuestra salud y en definitiva acorta nuestra vida.
Pero a todo esto debemos agregar que también se convierte en obstáculo para que los hombres fumadores puedan gozar de una sexualidad sana.
Y quizás esta pueda ser la gota que rebalse el vaso e impulse a muchos hombres fumadores a dar los pasos necesarios para dejar de serlo. Sobre todo si consideramos que el cigarrillo puede brindar alguna mínima sensación de bienestar que es realmente “insignificante” cuando se la compara con la gratificación que conlleva el poder vivir su propia sexualidad en armonía y salud.